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Historia
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Su situación geográfica es la siguiente: 40º 35`20`` N. Y 1º 54`35`` O, y se encuentra a una altura sobre el nivel del mar de 905 metros, limitando con los municipios de Montejo y Pizarral, al Norte; Guijo de Ávila y Césped osa de Tomes, al Sur; La Tala al Este; y Cabezuela de Salvatierra, Campillo de Salvatierra y Aldeavieja de Tormes al Oeste. Se halla la villa ubicada en un terreno ondulado en el que destacan las lomas de Vallejones y el Cincho. Se trata de suelos de profundidad pequeña, que puede llegar a media, aunque rara vez profundos, por lo que el drenaje es muy bueno y secan rápidamente, tratándose en estos casos de sedimentos de tierras pardas ocasionados por la acción del viento o por coluviación. Durante la estación estival se encuentran sometidos a fuertes sequías que les confieren un carácter polvoriento que les hacen muy erosionables en sus partes desprovistas de vegetación, fundamentalmente en los periodos de lluvias intensas, quedando las pizarras al descubierto. La escasa actividad industrial de la villa se dedica, principalmente a las labores agrícolas. En la actualidad apenas hay regadío, siendo la ganadería la ocupación de mayor importancia en la villa aunque con un peso de escasa trascendencia; por ejemplo, en la década de 1960-1970, cuando todavía la producción agraria española alcanzaba cifras importantes, era de tan sólo 2 cabezas de ganado mular, 5 de caballar, 240 de vacuno, 50 de asnal, 229 de cerda 838 de lanar, 22 de cabrío y unas 1000 gallinas. La producción agrícola tampoco logró cifras significativas; en el mismo periodo de tiempo la villa producía por hectárea 6 Qm. De trigo, 8 de cebada, 3 de centeno, 8 de avena, 4 e algarrobas y 3 de garbanzos. La mayor parte del terreno no cultivado, unas 700 hectáreas aproximadamente, están poblados en su mayor parte por encinas. Por su parte, la distribución de terreno destinada a cultivos quedaba configurada de la siguiente manera: 453 hectáreas dedicadas al trigo, 93 a la cebada, 15 al centeno, 26 a la avena, 68 a las algarrobas y 6 a los garbanzos. |
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TOPONIMIA
Además, la extremada importancia estratégica de Salvatierra como eje de las vías de comunicación que entrelazaban los valles del Duero y del Tajo, hizo de ella un lugar idóneo para el asentamiento de nuevos colonos. El añadido de Tormes hace alusión a la proximidad de este río a la villa. |
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Orígenes
Desde este punto de vista, la repoblación llevada a cabo en la zona por el Rey Alfonso IX entre los años 1188 y 1230, tras completar las de la ciudad de Salamanca y Alba, no sería más que un intento para dar solidez a aquellas áreas, fundamentalmente entre el Alto Valle del Tormes y el del Alagón, donde se encontraban localidades de la entidad de Miranda del Castañar, Herguijuela de la Sierra, Monleón, Carpio, Monreal, Salvaleón y la propia Salvatierra de Tormes. No obstante, el origen concreto de lo que vino en llamarse Mancomunidad de Villa y Tierra de Salvatierra no está lo suficientemente documentado por lo que resulta enormemente dificultoso establecer fechas exactas para este importante proceso histórico y económico, aunque es más que probable que tuviera lugar a mediados del siglo X, tras las derrotas militares de Abde- Rahmann II en Simancas. Serían los reyes leoneses Fernando II y Alfonso IX, quienes llevarían a cabo la repoblación en toda la zona fronteriza con Portugal. Según los historiadores don Claudio Sánchez Albornoz y Don Julio González fue precisamente el monarca leonés Alfonso IX quien hacia 1215-1217 repoblaría nuestra villa. Por aquellas fechas ya hay constancia de la existencia de murallas y de una fortaleza en la villa. En un primer momento Salvatierra estaba dividida en dos partes, perteneciendo una a Alba y el resto al cuarto de Peña del Rey de Salamanca, separándose de ambos territorios al convertirse en cabeza de concejo, con su correspondiente alfoz que englobaría 22 aldeas, además de la propia Villa, dentro de su jurisdicción, aunque hasta el siglo XIII no se organizaría una delimitación más o menos estable de su alfoz; a fines del siglo XVI se procedería a realizar un nuevo y definitivo apeo; estas aldeas, algunas de ellas acabarían por convertirse en despoblados, eran en el siglo XVIII las siguientes: Aldeavieja, Alameda, Amatos, Aldeanueva de Campomojado, Berrocal de Salvatierra, Campillo de Salvatierra, Casafranca, Castillejo, El Villar, Fuente el Roble, Guijuelo, Herreros, La dueña, Lugar de Montejo, Monasterio, Navarredonda de Salvatierra, Palacios de Salvatierra, Pizarral, de Salvatierra, Saucera y La Tala. En la mayor parte de ellas el Concejo actuaba como órgano supremo de administración fiscal y judicial a través de concejos-delegados, mientras que en el resto lo hacía mediante los delegados pedáneos. La articulación administrativa de esta unidad fiscal que era el alfoz se hacía a través de los Sexmos, distritos fiscales y administrativos del alfoz en los que quedaba incluida la propia Mancomunidad y aldeas, unas veces mediante cuotas de reparto y en otras por distribuciones hechas a los vecinos pecheros. Tres eran los sexmos que componían el alfoz de Salvatierra de Tormes. Primer Sexmo: La Villa de Salvatierra de Tormes y los arrabales de Aldeavieja de Tormes y La Tala; segundo Sexmo: Pedrosillo de los Aires, Berrocal de Salvatierra, Montejo de Salvatierra, Pizarral de Salvatierra, Palacios de Salvatierra y Navarredonda de Salvatierra; tercer Sexmo: Guijuelo, Fuenterroble de Salvatierra, Cabezuela de Salvatierra y Casafranca. Esta división sexmera significaba un indudable punto de referencia en la participación en el gobierno de Salvatierra, incluso en la administración de la propia Villa y Tierra, yendo desde la más simple representación hasta la defensa de los intereses de cada sexmo, llegando con el tiempo, a principios del siglo XVIII, la Junta de los tres Sexmeros de la Tierra de Salvatierra, a tomar arriendo de las rentas reales que debería recibir la Corona en la provincia de Salamanca. En cuanto a los repobladores hay que señalar que debieron de ser atraídos al alfoz de Salvatierra por los interesantes incentivos ya señalados más arriba, propios de las duras tierras fronterizas. Parece fuera de toda duda que su procedencia, fué, fundamentalmente, vasca, navarra y aragonesa, auspiciada, esta última, en gran medida por la enorme influencia que ejerció el aragonés Alfonso I el Batallador a comienzos del siglo XII en los asuntos castellano-leoneses, llevando aragoneses para la definitiva repoblación de la Extremadura leonesa en tiempos de Alfonso VII el Emperador (1126-1157. La legalización para instalarse debió de conseguirse a través de cartas puebla. No se han encontrado vestigios documentales de la existencia de fuero alguno para Salvatierra. Los monarcas y sus representantes serían los encargados de proceder al reparto del suelo entre aquellos recién llegados, dejando también algunos terrenos sin asignación, destinándolos al bien, uso y disfrute común; son los llamados baldíos, formados principalmente, por pastos para el ganado y montes. En aquellas tierras del vecino era la figura principal de las Mancomunidades de Villa y Tierra, siendo denominado en algunas de ellas como postero o pechero; también sabemos de la existencia de vecinos no pecheros, aunque las causas que llevaban a algunos de ellos a no pechar son todavía, en gran medida, desconocidas. Es posible que en el caso de los pecheros se tratara de personas o familias arraigadas hacia tiempo en la zona, mientras que los exentos de tributos serían los recién llegados o los vecinos asentados en la zona de manera temporal. También existieron vecinos que disfrutaron de una jurisdicción propia en el alfoz de Salvatierra, como los judíos y posiblemente también algunas familias moriscas, además de algunos clérigos, beneficiados, ermitaños, bachilleres y capellanes. Disponemos de algunas noticias que nos informan sobre las constantes tensiones entre los concejos de Ávila y el de Salvatierra de Tormes, ocasionados en su mayor parte por delimitaciones territoriales. Así, sabemos que en 1302 Fernando IV ordenaba dirimir la contienda iniciada hacía tiempo entre ambos concejos. También recibió Salvatierra de Tormes la visita de personajes destacados durante la Edad Media, como la de Fernando III, el Rey Santo, que se encontraba en nuestra villa el 28 de febrero de 1231, desde donde extendería una carta al privilegio y confirmación del monasterio de Oya de todas las propiedades y exenciones concedidas por los reyes anteriores. Fue también el siglo XIII, el periodo en el que se inicia un lento, aunque inexorable proceso de señorialización en toda aquella zona, proceso que se intensificaría durante la siguiente centuria con la entronización de la dinastía Frastámara en los reinos de Castilla y León, entrando de lleno Salvatierra dentro de la pródiga política de mercedes concedidas por Enrique II en su intento por ganarse los favores de la Alta Nobleza Castellana. No obstante, desde los años finales de la plena Edad Media ya hay constancia de la pertenencia de Salvatierra a los estados señoriales de los Condes de Carrión; después, ya en el XIII, sería el señor de la villa el Infante don Pedro, hijo de Alfonso X, que a su vez también lo era señor de Alba y Ledesma. En 1406 ostentaba el señoría de la villa de la Infanta doña Catalina, hija de Enrique III el Doliente (1390-1406) y doña Catalina de Lancaster; Años después, y por carta real de merced despachada desde Medina del Campo el 8 de diciembre de 1429, Juan II de Castilla ( 1406-1454) hacía donación de la villa de Salvatierra a don Fernando Álvarez de Toledo, Señor de Valdecorneja, quien sucederá a su tío en el señorío de Alba con el título de Conde, iniciándose de esta manera una larga etapa para la villa que habría de durar ininterrumpidamente hasta la supresión definitiva del Régimen Señorial en España, durante la década de 1830-1840. Las noticias sobre la creación del condado de Salvatierra son hasta la fecha bastante confusas. Sería ya en los primeros años del siglo XVI cuando la villa conocería uno de sus momentos de mayor pujanza económica con la figura del gran Duque don Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba, VII Señor de Valdecorneja, II Conde de Piedrahita y III Conde de Salvatierra, quien había recibido la villa de su abuelo, don Fadrique en el año de 1531, y lo ostentaría hasta el de 1582, en que falleció. Como señores de la villa, los Condes de Salvatierra tenían derecho a nombrar a las personas presentadas para las justicias locales y autoridades administrativas municipales. En 1.752, la superficie de tierra de labor del señorio se calculaba en 3.300 fanegas de sembradura; la Villa tenía 5 alquerias y 66 casa habitadas con solo 69 vecinos, distribuidos de la forma siguiente: Un regidor de la Villa, un Alcalde Mayor, dos escribanos, un alguacil mayor, un portero del Ayuntamiento, un presbítero y dos clérigos, un organista, un sacrístan, un cillero un cirujano, un boticario, un mesonero, dos panaderos, un barquero, 4 molineros, seis pescadores, un carpintero, tres sastres, cuatro guardas, un zapatero,siete jornaleros, tres criados, 15 labradores y once pobres. |
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Los Siglos XIX y XX
Desde 1848 se registran un importante número de pleitos entre los vecinos y los ayuntamientos ocasionados por problemas con los planteamientos de repartición de la propiedad de suertes, pleitos que ocultaban en sí el secular enfrentamiento entre ganaderos y agricultores, y en el que, finalmente, acabarían saliendo favorecidos estos últimos. También sabemos que algunas Mancomunidades apoyaron decididamente el desarrollo del ferrocarril en nuestro país. La de Salvatierra de Tormes adquirió para tal efecto 500 obligaciones de las emitidas para la instalación de la línea férrea Medina del Campo- Salamanca inaugurada de 1877. Si tenemos en cuenta que cada participación alcanzaba las 475 pesetas; la inversión de la Mancomunidad fue de 237.500 pesetas; a cambio de esta importante inversión, la Mancomunidad se deshizo en venta del 80% de los terrenos que poseía como propios en aquellos momentos. No obstante, y a pesar de los tímidos avances en materia higiénico-sanitaria, de los que hablaremos seguidamente, y de una bonanza económica de cierta importancia, la situación general de la villa distaba mucho de ser completamente satisfactoria para la mayoría de sus habitantes. Un informe elaborado en 1870 nos describía de esta manera el momento que vivía Salvatierra: "SALVATIERRA: en el partido de Alba de Tormes, tuvo capitalidad de Condado en lo antiguo, perteneciendo primero a los condes de Carrión y luego a los Duque de Alba. Sus gruesos muros, casi totalmente en ruina, y los vestigios de un célebre puente sobre el Tormes dan a entender cual fue en los tiempo pasados su florecimiento. Era Villa de Corregidor y ejercía jurisdicción sobre más de 20 pueblos inmediatos. Hoy se halla tan en decadencia, relativamente a lo que fue, que se la disputó, el años pasado, hasta la capitalidad del nuevo ayuntamiento que se iba a formar conforme a una ley a que después no se ha dado cumplimiento." A pesar de todo ello, en el apartado demográfico hay que señalar el incesante aumento de la población en todo el área de la villa. Frente a los 2.944 habitantes con que contaba el señorío total de Salvatierra en 1745, se pasó a los 4.342 en 1827, y los 5.181 del año 1857; crecimiento, sin duda, propiciado por las mejoras sanitarias promovidas desde la llegada de los primeros gobiernos ilustrados de la Casa de Borbón. Sin embargo, la decadencia de la villa ya se había iniciado decenios atrás, y ésta no había más que agudizarse durante el siglo XX. A principio del siglo pasado la construcción de una carretera que unía Guijuelo con Peñaranda y un nuevo puente sobre el Tormes, en sustitución del antiguo puente romano destruido hacia ya tiempo, propiciaron un lento resurgir de la villa, pero la construcción del embalse de Santa Teresa provocaría la pérdida de los mejores campos e incomunicó gran parte del término que se extiende a la otra orilla del río, lo que provocaría el abandono a partir de 1957 de gran parte de sus habitantes en busca de unas mejores condiciones laborales en los grandes centros industriales de España; buena prueba de ello es el extraordinario descenso demográfico sufrido por la villa en pocos años: en 1961 todavía contaba con unos 837 habitantes, en 1991, éstos sumaban tan sólo 64. Durante la década de 1940, la villa contaba con un total de 210 edificios destinados a viviendas y se construyeron varios más para escuelas, además de una nueva iglesia, dotándose al pueblo de línea telefónica. Por aquellas mismas fechas también contaba Salvatierra con médico, veterinario y un párroco que atendía espiritualmente a los feligreses.
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